Soundtracks para explorar mi laberinto

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lunes, 2 de abril de 2018

Las cosas que amo de ti: Tus ojos



Amo cuando tus ojos quedan entreabiertos porque reflejan esa picardía y complicidad entre nosotros. Cuando brillan al verme demostrando ese bello y cálido amor que sientes por mí. Al humedecerse porque son una prueba de que logré tocar una fibra de tu corazón que te hizo vibrar de emoción. Al abrirse de par en par producto de una sorpresa y también al hacerse chiquitos porque ríes a carcajadas. Incluso amo tus ojos cuando te enojas y me reprochas porque sé que buscas que salgamos adelante juntos en nuestros momentos bajos.


Amé tus ojos de joven, amo tus ojos de adulta y amaré tus ojos en nuestra vejez, porque eso forma parte de nuestra promesa. Amo tus ojos color café que animan mis mañanas, que condimentan mis mediodías, que endulzan mis tardes y tranquilizan mis noches. Amo tus tiernos y bellos ojos cuando vibran de pasión al consumar nuestro amor en lo profundo de nuestra intimidad.

¡Oh mi hermosa mujer marabina! Eres la portadora de esos hermosos ojos que me atontan y me enamoran cada vez que me reflejo en ellos. Deja que los siga contemplando en silencio mientras la llama del amor se aviva en mi interior, que sigan siendo testigos fieles de mi existencia, que sigan viendo el horizonte que yo veo.

En esta noche de Abril simplemente digo… ¡Amo tus ojos!

martes, 9 de enero de 2018

Encuentros decembrinos



Por aquellos días de Diciembre en mi primer periodo vacacional de la universidad, una arboleda y una multitud de gente me recibieron en aquel que fue mi querido recinto de estudio de educación media. Allí  fue donde se forjó parte de mi aprendizaje y tuve tantas cálidas y alegres vivencias en aquella febril adolescencia e inicio de juventud. Que divina ilusión me embargaba al volver allí y ver nuevamente tantas caras conocidas, tantas amistades que fueron testigos de mí andar por aquellos pasillos, salones y patios. En aquel maravilloso sitio donde la educación era lo primordial, pero donde nunca faltó la amistad, las bromas, los juegos, las risas y los sueños de nuestro porvenir; yo tuve el encuentro con la mirada de una gitana de piel de nácar, ojos azabaches y cabellera rojiza como jaspe, que inmediatamente embrujó mi corazón. A lo lejos ella era como una estrella refulgente en medio de un cielo de ébano de la cual no podía apartar la mirada. Sólo las risas de mis amigos al ver mi cara fueron las que me sacaron de mi estado de estupefacción y lo primero que alcancé a decir fue:

– ¿Quién es ella?
– Ella es nueva aquí – Uno de mis amigos respondió.
– Lo supongo, porque jamás la vi mientras estudié aquí – Agregué.
– ­Es que ella fue transferida este año – Me respondieron al unísono.
– ¿Alguno de ustedes la conoce? – Pregunté.
– Si, ella ve clases conmigo – Respondió otro de mis amigos.
– Ahhhh ya veo ¿será qué me la puedes presentar? – Pregunté nuevamente.
– Ummm puede ser – respondió él y luego todos se echaron a reír.

Al pasar los días yo iba en las horas de receso o de culminación de la jornada de estudio con la ilusión de encontrarla nuevamente y así fue. Nuestros pasos se cruzaron varias veces al igual que nuestras miradas y con cada ir y venir yo deliraba cada vez más con aquel caminar y aquella sinuosidad en su figura que la hacía parecer la mismísima reencarnación de Cleopatra. Mi sangre entraba en ebullición al ritmo de la percusión de mi corazón que retumbaba en mi pecho como si fuese un Djembe (1). Pero ese fuego avasallante en mi interior no era capaz de derretir el gran muro de hielo que cercaba mis labios y que creaba ese gran vacío de palabras entre ella y yo.

Por el devenir de los misterios del destino no fue mi amigo quien hizo que nos conociéramos, sino fue el encuentro con una antigua compañera de estudio quien sirvió de puente para que ella y yo intercambiáramos palabras, sonrisas pícaras y sonrojos imposibles de ocultar. Desde allí en adelante cada una de sus palabras y movimientos era como parte de un complejo encantamiento que la señorita “D” invocaba para que mi razón desapareciera y me perdiera en el enigmático laberinto de sus encantos.

Ya para el inicio de las vacaciones navideñas se organizó un baile al cual quedamos en asistir un grupo en el cual nos incluíamos ella y yo. En medio de la muchedumbre, la música y las voces de los asistentes, yo seguía sin dominar mi timidez y no me atrevía a pedirle que bailara conmigo por temor a ser rechazado; simplemente era testigo de cómo se le acercaban a invitarla a bailar y ella muy cortésmente declinaba a cada uno de los interesados respondiendo siempre de la misma manera:

– Estoy esperando por alguien.

Al escucharlo la primera vez sentí que algo se partía dentro de mí, al escucharlo ya repetidas ocasiones, pensé << Me estoy creando falsas ilusiones, porque está esperando a otro >>. Ya después de un rato, me armé de valor y pensé << No tengo nada que perder, si me dice que no, seré uno más de la lista de sus descartes, pero ¿y si dice que si….? >>. Me acerqué 5 minutos después que un amigo fuese el rechazo más reciente de la fila de pretendientes, extendí mi mano derecha y con un vacío en el estómago y un nudo en la garganta, pronuncié:

– ¿Quieres bailar conmigo?
– Por supuesto, vamos – Ella respondió.

De allí en adelante simplemente me dediqué a disfrutar del roce de su piel, el calor de su cuerpo y el fuego en su mirada al ritmo del güiro, la tambora, el bongó y la tumbadora, porque el resto del baile fue solamente para mí. Y así seguí sucumbiendo en sus encantos y hundiéndome en aquel deseo febril de probar el néctar de sus labios.

En esa etapa de mi juventud mostraba tener mucha seguridad y solvencia para diferentes cosas, pero en asuntos del amor me costaba tanto dar pasos que no estaba seguro que fueran a concluir en lo que quería y aquella linda señorita era fuego puro que muchas veces a esta cabecita de piedra le costaba descifrar. Eso me llevó a pasar demasiado tiempo cortejando a aquella princesa de mis sueños, sin terminar de darle crédito a la buena ventura que me acompañaba. Creo que eso y a los comentarios maliciosos de la gente hicieron que nos alejáramos y que lo único que quedara fuese un fugaz recuerdo de un lindo sentimiento y una postal que mostraba la vista nocturna que me acompañaba en mi apartamento en la capital, donde estudiaba.

Luego de transcurrir el tiempo volví a saber de ella y para aquel entonces sus encantos incluso habían aumentado. Parecía una sirena con cabellera negra, que hacía juego con sus ojos; ya con un cuerpo de mujer, que era capaz de encender cualquier alma enlutada. En aquella oportunidad, simplemente me detuve a observarla a lo lejos, a través del ventanal donde trabajaba. No quise acercarme, ya que mi razón me decía que cada quien había tomado su camino y no valía la pena agitar las aguas de aquel estanque calmo que había formado el tiempo y la distancia.

Pero como el destino es caprichoso, poco antes de Diciembre nos reencontramos casualmente en medio de una multitud dentro de un espectáculo. La sorpresa fue tal que no lo podía creer, pero el encuentro no duró más que un saludo, la expresión de lo grato de encontrarnos y un adiós. No obstante, ese encuentro casual permitió que nuestros caminos se volvieran a juntar luego del pasar de más de 20 años. Cada uno ya con una historia a cuestas y un camino recorrido totalmente diferente con muchas vivencias tanto dulces como amargas. Sin embargo, no fue sino hasta Diciembre que realmente comenzamos a tener una comunicación fluida. Los días pasaban y a través de los mensajes de texto, las notas de voz y fotos comenzamos a compartir nuestra cotidianidad, las cosas que nos alegraban, las que nos aquejaban o simplemente nuestras vivencias del día. Esos breves contactos eran como rememorar las miradas furtivas que nos dimos alguna vez y poco a poco iban lanzando cabos de vida a los recuerdos y sentimientos que reposaban en el pasado. Lentamente, se fue ocupando un espacio mayor en nuestras mentes, la sensación de cercanía aumentó y las ganas de volverla a ver en persona se acrecentaron.

Por fin logramos concertar un encuentro, para el cual traté de ir sin muchas expectativas. Pero fue inevitable sentir ese calor dentro de mí al ver aquella hermosura de mujer que ahora tenía una cabellera dorada, acompañada del brillo de su sonrisa, el carmesí de sus labios y aquel titilar de sus ojos que hacían que me derritiese por dentro; más aún ahora, ya que lady D había adquirido un nuevo elemento en su encantamiento… El aroma de su piel, el cual evocaba a la escencia de una princesa. Los minutos fueron pasando acompañados de una conversación entretenida, que en ocasiones nos hacía perder la noción del tiempo. De vez en cuando mi mirada se apartaba de la suya he iba recorriendo cada centímetro de su cuerpo y pensaba << Woao que figura tan sensual>> y más aún cuando iba descubriendo cada uno de los tatuajes que llevaba en su piel. Por supuesto que el deseo por ella fue en aumento dentro de mí, pero nunca se lo manifesté abiertamente.

Después del primer encuentro siempre conseguimos una excusa para vernos por lo menos una hora: La visita a un centro comercial o tienda de departamento, un helado o simplemente un café. Siempre en cada ocasión hubo risas, picardía y la confidencia de un deseo oculto que no fue acompañado de una palabra explícita.

Siento que disfruto por el momento del placer de su compañía aunque muero por encender su piel y ser consumido por ese deseo que ha estado viviendo dentro de mí por tanto tiempo. Pero, solo el tiempo nos dirá qué camino seguir y qué vivencias quedarán.


(1) Tambor africano de origen Senegalés. Es conocido también como Linga, Sabar, Kpanlogo, Kutiro y Bugarabu.

jueves, 17 de marzo de 2016

El brillo del fulgor de tus labios


Hoy sentado en la sala de espera de un aeropuerto extraño, aguardando un vuelo que me llevará a nuevos rumbos que se encuentran lejos de mí tan llamada zona de confort; me he puesto a recordar como el brillo de tu sonrisa y el fulgor de tus labios me hicieron delirar en cada una de las breves ocasiones que tu cuerpo se acompasó con el mío. Y pensar que todo esto comenzó con unas breves palabras distanciadas por nuestra ajena cotidianidad. Una gran muralla de la palabra <<amigo>> signaba nuestras extremadamente cortas conversaciones, pero había algo en el brillo de tu mirar y en el titubear de tu cuerpo cuando mis manos te rozaban con la excusa de seguir el ritmo de la clave que guiaba a la timba, la tumba y el temba de esos días.

Estoy seguro que percibí otras señales, pero la verdad que no le daba crédito a mi intuición ya que mi lógico subconsciente decía que era imposible que nuestros destinos se unieran debido a que nuestros entornos eran complicados. Pero poco a poco las bardas fueron bajando, hasta tal punto que en medio de un adiós nuestras miradas se encontraron.

-¿Estas seguro que quieres que esto pase?- Me preguntaste.
-Por supuesto que si- Te respondí con un grado de incredulidad.

Allí en medio de las sombras fue por primera vez que sentí como me derretía en aquellos labios carmesí que tanto había deseado y poco a poco me fui perdiendo en aquella expresión de deseo reprimido que tanto se había resistido en manifestarse. Mi sorpresa fue cuando vi que tus lágrimas brotaban como manantiales de aquellos bellos ojos café.

-¿Por qué tu corazón es prohibido para mí?- Volviste a preguntar.
-¿Por qué tuve que llegar en el lugar y el momento equivocado?- Continuaste.
-Esto no debe ocurrir- Finalmente concluiste.

En medio de mi perplejidad, mi honesto subconsciente despertó del narcótico sueño inducido por Venus y Eros y respondí:

-Tienes razón, es mejor que me vaya.

Y fue cuando tomaste mi mano y me pediste que no lo hiciera. De allí en adelante, no pudimos evitar los siguientes besos con sabor agridulce que no se cansaron de debatir el dilema del querer, el poder y el deber (dilema del que hablaré en otro momento). El debate no tuvo conclusión y así dejamos correr una incipiente historia de amor que tuvo muchas idas y venidas.

Los besos furtivos de nuestros siguientes encuentros fueron poco a poco abriendo las puertas de los deseos más profundos de nuestros seres. Mis manos fueron explorando tu hermoso cuerpo de Venus, detallando cada curva, cada colina, cada valle; sintiendo cada reacción sensual que tenías al sentir el toque sobre tu suave piel. Tu exquisito aroma de mujer actuaba con un efecto narcótico tal, que me hizo querer más y más de ti. Hasta que por fin llegué hasta la fuente de mis deseos y sentí tu increíble humedad, la cual delataba el placer que sentías de ser invadida por este extraño que no esperabas que llegara a tu vida.

Hubo momentos en que pensé que esto que sentíamos no sería consumado, hasta que un día dejaste que el agua corriera bajo el puente. Compartí profundas miradas contigo hasta el punto de desnudar mi alma y develar mi amor hacia ti. Imprimí en tu cuerpo cada caricia y cada beso que pude para que sintieras que estabas fuera de este mundo, que eras la mujer más deseada y que por primera vez en tu vida te estaban haciendo el amor. Descubrí una singular inocencia en ti al amar y sentí un gran privilegio de guiarte en este arte. Nuestro primer encuentro fue como una montaña rusa, pero igual al final quedó un sabor amargo porque pensamos que era el último, debido a que estaba implícito que era lo mejor para ambos.

Tratamos de tener otras maneras de relacionarnos, pero la tentación siempre estuvo presente - Claro, cómo no iba a estarlo, si es una de las herramientas favoritas de la serpiente que nos está acechando desde tiempos inmemorables - y volvíamos a sucumbir en la dulzura de nuestros labios y en la profundidad de nuestra intimidad. Cada encuentro fue como un nuevo renacer, llenos de tantas primeras veces que era intoxicante y fueron poco a poco sirviendo de fertilizante para que un jardín de sentimientos comenzara a nacer en un terreno árido y rocoso que no era el idóneo para cultivarlo. Entonces llegó el momento donde había que podar el jardín para evitar que las raíces causarán daño  al ser extraídas.

Un adiós llevó otro y hasta una gran despedida fue redactada con tal majestuosidad que mi corazón la acogió de tal forma que entendió que el final debía estar cerca. Debo confesar que no pensé que la última vez que me perdí en tus labios en medio de aquella noche estrellada, bañados con la luz de la luna e inundados con aquella fresca brisa marina, seria nuestro último encuentro de amor.

Quizás esta historia fue breve, pero siento que para ambos fue intensa, en este momento me gustaría citar una frase de una película que me encantó "Hay infinitos más grandes que otros, pero doy gracias a Dios por nuestro pequeño infinito. Pienso que aunque tuve que seguir un camino distinto en la encrucijada que seguramente no querrás recordar, me queda la satisfacción de que logré hacerte recordar lo que es el amor y la alegría, te hice vibrar como mujer y te mostré que la vida tiene otros colores aparte del blanco, gris y negro.

Quiero que sepas que parte de mi corazón quedó en cada palabra, en cada mirada, en cada caricia y beso que te di, así como tú te quedaste como un maravilloso recuerdo tanto en mi mente como en mi corazón. Puedo decir que me lavaste el alma en el momento que más lo necesité. Espero que el brillo de tu sonrisa y el fulgor de tus labios se mantengan en el resto de tu maravillosa vida.

Creo que es momento de decir....¿Ok Hazel Grace?


lunes, 29 de febrero de 2016

Yo o tú


Nota del autor: Este relato se basa y complementa al escrito por María Dolores Moreno Herrera, titulado "Tú o yo" (http://entrepapirosycalamos.blogspot.com/2016/02/tu-o-yo.html). Recomiendo leerlo antes.


Allí estaba yo, en un soliloquio tratando de convencerte que hay oportunidades en la vida que no se repiten y que hay ocasiones en que hay que tomar ese tren aunque eso signifique hacer sacrificios. Tontamente esgrimí aquella frase trillada que reza "si amas a alguien debes dejarla ir, si regresa a ti es porque siempre fue tuyo, sino es porque nunca lo fue". A estas alturas está bien claro que fui un tonto.

Por momentos sentía que perdía tu atención en medio del recital de palabras que giraban entorno a mis sueños, a mis ideas.... Si, si, si ya se puro mis, mis, mis y nada de ti. En ese momento, no logré percibir que el brillo de tu mirada se había perdido, que los tonos de tu vida se habían convertido en grises, que tu sentir al verme había desaparecido debido a que las mariposas en tu estómago yacían inertes en una caja entomológica, listas para una exhibición.

En aquel momento equivocadamente antepuse mis intereses por encima del amor que sentía por ti y pensaba que el amor que sentías por mí, nuestras vivencias compartidas, nuestros sueños a futuro, iban a ser suficiente para que te aferraras a la idea de esperar a mi regreso. !Que tonto fui¡

—  Es una gran oportunidad para mí — Sonreí depositando un beso sobre tus nudillos.
— Te amo, sabes que volveré — Finalmente te dije.

Estaba tan orgulloso de mi mismo en ese momento por la gran oportunidad que se avecinaba que no fui capaz de entender que tu asentimiento con la cabeza gacha era una evidencia de tu gran tristeza. Fui un desconsiderado al no voltear la mirada hacia ti y preocuparme por tu sentir, mientras me iba alejando, silbando calle abajo con las manos en los bolsillos, demostrando un gran egoísmo de mi parte.

Ciertamente aproveché mi oportunidad y puedo contarte que fui exitoso, pero hoy por hoy entiendo que uno no puede ir en contra de los principios básicos como los que expresa Maslow en su pirámide... Las necesidades de amor deben estar cubiertas antes de las de reconocimiento y auto realización. Es en medio de esa reflexión que recordé aquel otro famoso refrán que reza "uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde". Por más éxito que alcancé, jamás logré llenar el vacío que dejaste en mi.

Durante estos 3 años me he sentido como perdido en un desierto, sólo, desamparado, sofocado, sediento, en ocasiones alucinando con una mezcla de retazos de tu recuerdo y mis deseos. En medio de esta desolación poco a poco me he ido despojando de todas mis sombras, de todos esos demonios que intentaban seducirme para que desistiera de la idea de recuperarte.

El primer demonio que vencí fue el del desamor y el dolor. Sentimiento que experimenté al llegar a nuestra casa y darme cuenta que habías completado nuestro abandono. El segundo demonio fue el de la rabia, porque si te confieso que el detalle de tu foto en la casa de mis padres luego de haberme dado cuenta que no regresarías fue el que hizo que mis jugos gástricos hicieran una mezcla explosiva y mi presión arterial llegara a las nubes. El tercer demonio fue el de mi orgullo, el cual en particular me hizo entender que debía abandonar el camino de atribuirte la culpa de mi dolor ya que mi actuación durante nuestro no tan dulce año de noviazgo había sido de esa manera por mi forma de actuar, particularmente impositiva. El cuarto demonio fue el de mi egoísmo, con el comprendí que si te quería de vuelta debía anteponer nuestro amor, nuestros sueños y metas antes que mis intereses y para eso debía comenzar a escucharte y comprenderte más, es decir, debía dejar a un lado mi egocentrismo, dejar de opacarte y de hacerte sentir como una marioneta.


Al finalizar este camino de penitencias y de reencontrarme conmigo mismo he decidido recuperarte. No ha sido fácil dar contigo, he invertido bastante tiempo y esfuerzo. Gracias al recuerdo que tengo del brillo de tus ojos cuando hablabas del país de tus sueños, ahora me encuentro atravesando el mar para llegar a donde ruge el mar bravo contra los acantilados, imaginándote con un hermoso vestido rojo hondeando con el viento, deseoso de volverte a ver, para que veas que este peregrino está decidido a demostrarte que no ha sido en vano el pasar del tiempo, que mis sombras se han ido, que estoy dispuesto a que construyamos un futuro con ideas y visiones en común... Estoy ansioso de estar arrodillado frente a ti, en la parte baja de tu balcón y lograr que tus mariposas revoloteen nuevamente por mí y decirte que no solamente te quiero, sino que TE AMO.






domingo, 28 de febrero de 2016

Tu despedida

Resultado de imagen para despedidaNormalmente nosotros los hombres somos a quien terminan botando en una relación, es decir, el promedio de nosotros sabe lo que es un buen despecho y sobretodo si hemos evitado el camino del andar de pica flor. En mi caso particular en unas cuantas ocasiones he escuchado la frase "Es que ya no siento lo mismo" o el "No eres tú, soy yo" y eso sin contar los rechazos iniciales tales como "Yo no te veo de esa manera" o "Seamos sólo amigos". De cualquier manera, han sido frases que han causado dolor y que de alguna manera he llegado a detestar. Pero jamás me imaginé que alguna vez en la vida recibiría una carta de despedida con tal expresión de sentimientos que mi corazón terminaría aceptando de una mejor manera que las tantas otras que había recibido. A continuación dejo un extracto de esa carta.

"Realmente mi dulce amor esta es mi despedida y se que aunque sientas algo de amor por mi como me dijiste y aunque debes estar con el corazón chiquito (y créeme que estoy sufriendo pensado en lo mal que puedas estar sintiéndote porque no me gusta que alguien se sienta de esa manera y menos por mi culpa), necesito que seas fuerte y me saques de tu mente y corazón porque lo nuestro sólo Dios sabe porque hizo que pasara y no quiero que nos hagamos mas daño, sobretodo a futuro. Tenemos caminos distintos que seguir y responsabilidades que sobrellevar... ¿No se que podríamos hacer? ¿Qué piensas tú? tal vez si estoy haciendo esta reflexión en forma de monólogo; pero es la salida que veo para curar estos sentimientos que han nacido donde no tenían que nacer... 

Bueno no podía despedirme sin decirte mi amor que eres y serás siempre mi más bella historia de amor y espero yo haya sido algo así para ti. Después de tus besos no creo llegue a sentir unos tan dulces como los tuyos y ni hablar de cuando hacemos el amor, yo siento que en tus manos cuelga mi fantasía, tu sonrisa me invita a un viaje donde deposito mi ilusión y tu cuerpo se une a mi alma y sólo quiero que se detenga el tiempo y no pase. Me siento tan vulnerable ante ti, ante tu deseo extasiado por dominar mi cuerpo hasta guiarte al infinito de mi ser; amo cuando recorres con tu boca mi piel (odio esta disputa del amor y lo correcto). En ese momento solo pienso que sólo hay una vida y la mía se pierde en tu cuerpo, cuando hacemos el amor me siento mas viva que nunca...
Tu mirada me cautiva al desnudar mis sentimientos, tus labios junto a los míos me transportan y siento que termino viajando al paraíso cuando te tengo dentro mí... Cada caricia lo hace más excitante… Un beso con malicia, una mirada. Lentamente tus caricias me van envolviendo y pones mi corazón a mil. Creo que todo es parte de una pasión que me transmites y que me hace sentir como una comunión espiritual entre tú y yo. Amo tus gemidos, los siento con amor y lo que mas adoro es que después de tan maravillosa experiencia me acaricias con ternura mientras yo reposo sobre ti. El hombre mas tierno que he conocido y ahora siento que no hay nada como hacer el amor, con amor, no hay experiencia igual. No se lo que es estar enamorada, pero si es sentir todo esto por alguien entonces me despido diciéndote que TE AMO...

No me siento bien, estoy demasiado triste amor, pero no quiero que nos hagamos daño . Suerte mi ángel, mi amor, mi príncipe, mi amigo... Gracias por ser tan especial por dedicarme un pedacito de ti, ahora me toca vivir con el recuerdo de esta bella historia... 

Cuando llegues acá, no me busques amor, así muera por las ganas de que aparezcas donde yo esté. Realmente tu deber esta en otro lado... Malo destino mi príncipe, que nos puso en esto pero se que nos va pasar. 

Adiós amor."

Luego de leer esto mi mente se puso en blanco, mi corazón se detuvo un instante, una lágrima recorrió mi cara y pensé:

- Es la mejor despedida que me han dado alguna vez en la vida. Gracias mi bella, por tan hermosas palabras. Creo que nadie alguna vez me escribió algo tan hermoso y emotivo. Yo también TE AMO, pero sé que debemos seguir caminos distintos...


sábado, 30 de enero de 2016

El duelo

Hoy me encuentro en un camino que debía enfrentar hace mucho tiempo. Me encuentro en un paraje desolado, bajo un inmisericorde sol que quema incesantemente mi piel y asfixia mis pulmones. Al transcurrir un tiempo de larga e impaciente espera, logré divisar en el horizonte aquella persona a la cual yo esperaba. Faltando cien pasos para llegar hasta mí, se detuvo. Estaba vestido de negro, en su cintura yacía el brillo del metal al cual todo hombre teme, porque en cada silbido que expide su boca, puede irse tu alma. Pero eso a estas alturas del camino ya no me importaba, porque yo estaba allí para enfrentarlo.

En el ambiente sólo se percibía un calor infernal y un silencio aterrador, un silencio que sólo se siente antes que dos titanes midan sus fuerzas, un silencio en el cual puedes hasta escuchar las palpitaciones de tu adversario. Justo en ese instante sentí como el efecto de un torrente de adrenalina generaba una especie de descarga eléctrica que comenzó desde mis pies y subió hasta alcanzar mi corazón y mi cabeza, casi logrando que por un momento desviara mi profunda mirada de sus ojos, ojos en los que escudriñé hasta que conseguí alcanzar su alma y descubrí que al igual que yo, él padecía una pena y estaba consumido por el miedo, ese miedo que sólo hace mella en aquellos que saben que van a morir. Mis manos estaban inmóviles, porque a mi pesar, también sabía que podía ser mi momento de tocar las puertas del cielo.


Por fin llegó el momento y sin pensarlo más de una vez, mi mano desenfundó y descargó dos llamaradas de ese fuego interno que me consumía, que me carcomía. Pocos segundos después, vi como cuerpo se desplomaba y caía tendido en aquellas polvorientas tierras de nadie, aquellas tierras donde los más valientes han caído perdiendo su honor, su fe, su amor, su vida.

La alegría corría por mis venas, como un río sin cauce, desbocado como un corcel negro bajo una hermosa e inmensa luna llena y mi rostro se iluminó y el espacio fue llenado por mi estruendosa y disonante risa. Pero dicha alegría se esfumó cuando sentí entrar en mi cuerpo una bocanada de humo, un humo que me embargaba los sentidos. Comencé a sentir como mis pulmones además de asfixiados por el calor, pedían clemencia para vivir. Sentí como el humo me iba generando náuseas y mi cabeza comenzaba a dar infinidades de vueltas sin parar. 

Sin poder evitarlo, comenzaron a aparecer imágenes que me impresionaban tanto como el ver el útero de mi madre y sentir sus palpitaciones retumbando en mis oídos. Vi como mi niñez pasaba frente de mí, como morían mis seres queridos, como el mundo se descomponía y simplemente se iba por un caño, como se destruían unos a otros y sentí que mi odio y mi amor chocaban formando un gran destello que fragmentaba mi vida y como el estruendo de la explosión estremecía mis entrañas. Vi como crecía una inmensa masa incandescente que arrasaba las esperanzas e ilusiones; con estas el alma de aquellas personas que vivían de ellas. 

Sentía como todas estas visiones iban y venían y como poco a poco me iban enloqueciendo, hasta que llegaste tú y me extendiste tu blanca, delicada y hermosa mano. Por un momento llegué a pensar que todo era un amargo sueño, pero fue un intenso dolor el que me hizo volver a la realidad. Sentí como el destino tiraba de mi alma y como con cada tirón se iba escurriendo tu amor entre mis dedos.

Con el último esfuerzo que pude sacar de mi ser, caminé hasta aquel cuerpo tendido, que pertenecía a aquel ser que me había asechado tanto tiempo, infundiéndome un terrible miedo a perderte. Cuando llegué a él, logré ver que de sus ojos brotaban amargas lágrimas de sangre, sangré que olía a ti y en medio de aquel mar de sangre, con sus últimos suspiros logró decirme:


-Conseguiste que mis manos no pudieran tocarlas más, que mis ojos no pudieran contemplarla más, que mis labios no pudieran besarla más; pero lo que no sabes es que con mi alma se va ella.


Sentí como un zarpazo feroz desgarraba mi amor, mi odio, mi todo. Ya mis fuerzas se habían consumido como el cigarrillo que alguna vez me acompañó. Vi como su alma abandonó su cuerpo; pero lo que no vi fue como la mía lo hacía del mío. 


Caí sobre aquel cuerpo inerte, hasta que el ardiente e inclemente sol fue evaporando mis alegrías y mis más profundas emociones y fue dejándome sumido en una absoluta oscuridad, en la cual entendí que estaba solo en aquellas tierras de nadie y que estaba muriendo de y por amor.



Mi último deseo antes de morir es que me recuerdes alguna vez en tu vida como el hombre que más te amó y que por ese mismo amor fue capaz de morir desolado, en la inmensidad del horizonte, cara a cara con su rival y desangrado por una bala que le partió el corazón.





24/03/96



martes, 26 de enero de 2016

Sueños

“Hoy es el día, hoy es cuando me has dado la cara y es cuando te lanzo una profunda mirada buscando esos ojos, que a veces parecen filosas dagas, que en momentos me hacen perder la noción de la vida. Hoy es cuando te pido que lo pienses bien antes de decirlo y que cuando lo digas, lo hagas con el corazón en la mano”.
        Este pensamiento me ha perseguido como un perro de caza…

        … Pero yo sé que no se puede esperar que sea así, porque en esta vida todo es como un laberinto que cruza infinidades de veces nuestros caminos; pero muy pocas veces lo hace para que podamos seguir uno en común. Momentos como este, son en los que pienso que la vida es injusta y que el destino es la mano de algún ente que está muy por encima de nosotros y que nos mueve cual si fuésemos simples marionetas…

        Hay momentos que quisiera despojarme de este cuerpo que me ata a estar en el suelo, hay momentos que quisiera en la montaña más alta y lanzarme en picada para sentir la dulce y fría brisa que roza mi cara y mi cuerpo y que se acrescenta cada vez más, hasta que la fuerza tal que la piel se desprenda cual si fuese una vulgar serpiente; pero que al mismo tiempo de perder esa piel, surja una nueva, pero distinta.

-¿Qué es lo que quiero?- Me pregunto una y otra vez. 
-¡Una metamorfosis¡- Me respondo.

Y cuando esté a punto de llegar al final de mi asombroso viaje y esté por estrellarme y pasar a ser una masa amorfa (Una mancha roja al pie de la montaña más alta de este mundo, una mancha insignificante frente a este inmisericorde mundo… !Quizás¡ si quizás) poder alzar el vuelo y lograr alcanzar los espacios inaccesibles por el ser humano, poder ver desde lo alto la constante miseria del hombre, lograr sentirme en lo máximo del éxtasis y luego continuar mi vuelo hacia lo desconocido, hasta que desde la inconmensurable oscuridad surja una misteriosa mano y me atrape.

-¿Será que el amor es un misterio?- Me vuelvo a preguntar.
-Si mi querido amigo, el amor no es más que uno de los más complejos misterios de esta vida- Me respondo en mis adentros.

        Y yo sin más ni más, cual dócil paloma me dejo atrapar, confiando y brindándole todas las cosas buenas que puedo darle… Hasta que llega el momento en que los colores radiantes del paisaje se tornan grises, unos tonos grises tan mediocres, que el corazón se me endurece y se me parte el alma cual espejo al lanzarle una piedra… Es este momento donde aquella mano que se extendió para brindarte abrigo y calor,  se ha retraído, te ha dado la espalda y te ha empujado a un precipicio, en donde sólo quedarán los restos de alguien que fue maravilloso, encerrados en una cúpula de diamantes, muy hermosa; pero muy resistente...

        Pero como el PHOENIX he reencarnado y volveré a surcar los cielos y demostraré la belleza interior que poseo y juro que la pena que he sufrido no fue en vano y espero que la dueña de esa mano no se arrepienta, porque yo podría esperar por ella, aunque también podría ser como una rosa, muy hermosa, pero podría herirla con alguna espina, cosa que no se lo desearía a nadie…

        …Hoy sé que me falta mucho por recorrer y que es hora de partir; pero siento que me hace falta algo y creo que ese algo eres “”. Ahora, si no me quieres, pues no me importa, ya que he aprendido a no depender de los demás, especialmente de ti…

        …En este mundo no te queda otra, pues este mundo ha perdido sus valores, hoy los sentimientos se han deshumanizados o ¿Será que los humanos se han desensibilizados? Pues ya no sé qué pensar. Pues el caso es que yo también me siento insensible y quisiera tener una daga con la cual poderme abrir un costado y dejar salir toda la porquería y lo deshumano que por momentos siento que me domina; pero es algo  que se lleva adherido a la piel y que lo llaman “Ego”, quizás si no existiera no tuviésemos tantos problemas. Aunque piensen que estoy loco, no me importa, porque sé que en el fondo la gente en algún momento de su vida piensa esto…

        También hay veces que he querido ser parte del aire, para poder estar cerca de ti sin que me pudieses percibir, poder envolverte cual sábana de seda, para protegerte como una leona cuida a sus crías, para darte calor en esos momentos en que el frío te entumece hasta los huesos, ser el aire que respiras cuando duermes y traerte los mejores sueños y así poder sentirte más, mucho más cerca de mí. Pero estos son simplemente sueños que sabemos que no se cumplirán, sueños como a veces pienso que es la vida; un sueño del que si quisiera despertar, ya que por momentos parece una horrible pesadilla. Al despertar me gustaría hacerlo en una playa donde la brisa me sople en la cara, disfrutar el olor del mar, poder observar el maravilloso espectáculo del reventar de unas azules olas, dejando salpicar una blanca y brillante espuma, sentir los cálidos y radiantes rayos de un sol que está en medio de un cielo azul zafiro y ver las gaviotas y los pelícanos surcando el inmenso e infinito cielo; pero lo más importante es tener a mi lado a la persona que amo y que se que me corresponde de igual manera dicho amor, sintiendo como sus dedos se deslizan por mi negra cabellera y por mi espalda, logrando así complacer uno de los deseos más íntimos de este ser que se siente como un niño mimado y que ha comenzado un largo camino hacia la madurez…

        …para completar el interminable círculo de la vida.

Dedicado a esa persona que quiero y siempre querré y que ella bien lo sabe (JDV).

Asterión

PD: Palabras que se dicen o se escriben y que no se lleva el viento por ser tan pesadas como las piedras más viejas de este mundo, piedras que son testigos fieles de frases, hechos e historias de amor… Piedras que con el pasar de los años no se han desgastado como los sentimientos que están encerrado en mi corazón de cristal. Estos sentimientos luchan por salir a la luz del sol, un sol radiante sin ninguna nube gris que manche la sonrisa de aquella persona que alza la cara con la esperanza, con la ilusión de que la mano del destino la conduzca a los laureles de la felicidad. La felicidad que me produce el estar a su lado, el placer que siento el mirar sus ojos, respirar el aire que respira, aunque sea la última inhalación que tuviese en esta vida. Vida que está llena de vueltas y que a veces me hace sentir que vuelvo al mismo lugar donde comencé. Y para mi ese único comienzo y ese único final eres “”.